Después de ver “Pecadores” la teleserie protagonizada por Benjamín Vicuña (el curita sexy) empecé a decir que cuando cumpliera 15 años iba a ir a Chile. Pasaron muchos años pero finalmente llegué.
Habíamos terminado de confirmar los pasajes. Sólo nos faltaba empezar a hacer las valijas y en menos de 24hs nos estaríamos yendo de viaje. Sí, la decisión de viajar fue veloz, pero a mí me encantó la idea de irnos así, de un día para el otro. Eso de no hacer tantos planes muchas veces le da un gustito dulce a la vida. Hoy estás acá y mañana, quién sabe.
Esta vez, a diferencia de otras, no me preocupé mucho sobre qué cosas iba a llevar e hice la valija 3 horas antes de viajar. No tuve mucho tiempo para armar nada así que abrí el placard y empecé a meter lo que encontré (pero obvio que elegí). La verdad no recomiendo eso, hay que armar la valija con tiempo y no a último momento. Sufrir de arrepentimiento por olvidarte algo importante como la crema nocturna, o que saliste malvestida en las fotos, no daaa.
Bueno, lo saludamos a papá y subimos al cole. Nos fuimos. Dejamos todo. Y a todos. Considero que no es lindo viajar sobrecargada, para mí siempre es mejor viajar ligero. Mi mamá es la que siempre lleva exceso de equipaje pero no yo, sin embargo, no se qué me pasó ésta vez que llevé demasiadas cosas (incluidas las almendras para el desayuno). Aparte de mi valija llevé dos bolsos más, uno re "chic" en donde puse un anotador, una birome, una camperita, mi set de maquillaje y otras cosas más; y en el otro bolso, galletitas, caramelos, chicles, agua mineral y sándwiches (que había preparado un rato antes de salir).
Con todo lo que llevaba para alimentarnos seguro que estirábamos un mes (o un poco menos). Esta vez como en tantas otras ocasiones le tuve que hacer caso a mis pensamientos de previsión. Quién sabe, nos podía pasar lo que les pasó a los mineros. ¿Y si nos quedábamos encerradas en una cueva? Por lo que decía el itinerario nunca íbamos a entrar a ninguna cueva, pero uno nunca sabe.
Estaba tan entusiasmada con conocer Chile desde que tengo 7 años. He visto muchísimas teleseries con mi mamá y mi hermano Ezequiel, y siempre que me enganchaba con una estaba obligada a ver las largas propagandas nacionalistas que pasaban entre los cortes (como para que no me dieran ganas de conocer Chile).
Ya en viaje, la coordinadora nos avisó que cuando cruzáramos la aduana teníamos que hacer una declaración jurada de que no entraríamos al país productos vegetales, ni frutos, ni hortalizas, ni ningún tipo de granos ni semillas. Nada de nada (ni mis almendras). ¡¡¡Las almendras para el desayuno, las almendras son beneficiosas para la salud, no se pueden tiraaaaar!!!
Le conté a mamá que me había traído las almendras. Pasó un rato de la revelación y le hice una propuesta. Le propuse que no comiéramos nada, excepto almendras. Nos matamos de risa pero no aceptó, entonces me comí la mayor cantidad que pude y le dejé un par. Cumplí la meta y no quedó ninguna. Tener que entregárselas a los carabineros o tirarlas era un total desperdiiiiiicio, y las calorías demás que me comía después las podía quemar ¿no?
Paramos para dormir en la provincia de Mendoza. Conocí el famoso "Cerro de la Gloria" y por la tarde fuimos a la Plaza San Martín donde nos sentamos en un banco. Me quejé del banco porque hacía calor y estaba reeecaliente así que con el GPS del celular averigué dónde había una heladería. Marcaba que a una cuadra había una. Fuimos. Mientras tomábamos un helado (para nada rico) me bajó la presión. Dado que me empecé a sentir rara y a ver borroso cuando salimos de la heladería buscamos una farmacia para que me tomaran la presión y como en la farmacia no la tomaban la convencí a mamá de que volviéramos al hotel.
Más tarde me empezó a doler muy fuerte la cabeza y empecé a tomar Powerade para ver si se me pasaba el malestar. Fuimos a cenar al hotel, hablamos por teléfono con papá y nos fuimos a dormir, y al día siguiente me levanté un poco mejor.
Se podría empezar a sospechar que fueron las malditas almendras las que me hicieron algo, pero para ir descartando...¡¡¡NO!!! No fueron las almendras. No era envenenamiento por cianuro, mis almendras no eran amargas, estaban bien ricas cuando me las comí.
En fin, dejamos la Argentina e íbamos directo a cruzar la Cordillera de los Andes. El viaje se hizo largo, muy largo. A medida que iba pasando el tiempo me dolía más y más la cabeza. Tomé paracetamol y nada. Dormía de a ratos y nada. ¡¡Me imagino lo que debe haber sido para San Martín cruzar la cordillera!! Yo la crucé en colectivo, y me estaba muriendooo...
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| Del lado argentino no pagando coima se demora alrededor de 4 horas más (Más de las que ya se demora) |
Luego de muchas horas llegamos a Chile y yo no aguantaba más. Desde el hotel la coordinadora llamó a un médico pero le dijeron que teníamos que trasladarnos hasta la clínica porque si no es por algo muy, "muy" grave los médicos no van a domicilio. Antes de trasladarnos fuimos a una farmacia pero allá nos dijeron que no me podían dar ni hacer nada, que fuera a una clínica. Así fue como terminé en la "Clínica Miraflores".
En la clínica me preguntaron qué me pasaba, me evaluaron con una máquina super moderna y le dijeron a mi mamá y a la coordinadora que me iban a poner un "inyectable". Me hicieron acostar en la camilla mientras mamá y la coordinadora me esperaban afuera.
Estaba tranquila, confiada de que un inyectable era una inyección... hasta que vi un suero. Me pregunté hacia a dónde lo llevarían. Seguí con la vista a la joven médica y justo se abrió la puerta. Era otra doctora que entraba a buscar el suero que tenía la joven médica. Después que lo agarró, se dirigió hacia a mi. ¡¡Sí, por infortunio del destino el suero era para mi!! :(
Pensé en escaparme pero... me sentía demasiado mal. Tan mal que me asombré de que el pinchazo no me doliera.
La-men-ta-ble. Pero la primera experiencia que tuve en Chile fue una internación express. Luego de 45 minutos me lo sacaron y me dejaron ir. Mamá Marta tenía una incertidumbre terrorífica porque no sabía qué me estaban haciendo. Me lo confesó cuando me dijo lo que pensaba: "A ver si la matan..." Las médicas eran muy jóvenes y mamá con la vasta experiencia que tiene supone que mientras más grande es un doctor es mejor, pero sabe que matar... te mata cualquiera.
Salimos de la clínica y nos estaba esperando el taxista que nos había llevado. ¡¡¡Nos esperó hasta que me dieron el alta!!! ¿En qué lugar del mundo se vio un taxista así? Tal vez se dio el "lujo" de esperarnos porque nunca había conocido unas argentinas como nosotras, jaaa. No se. El tipo nos trató muy bien, era muy educado y correcto. La forma de trato que tenía daba ganas de traérselo a la Argentina.
Cuando fuimos a conocer el "Cerro de la Gloria" había estado mucho tiempo bajo el sol y en hora pico y al parecer lo que me dio fue una insolación. Para el próximo viaje voy a tener que llevar algo para cubrirme del sol. Mi mamá cada vez que me miraba dudaba de si íbamos a poder hacer las excursiones. No obstante, cuando me dejaron salir de la clínica empecé a sentir que estaba volviendo a la vida de nuevo. Finalmente pudimos hacer todas las excursiones, ¿cómo no íbamos a poder?
Una viajera tiene dificultades, se enferma y se descompone. ¿Cómo iba a ser yo la excepción? De todos los viajes que hice, ésta fue la primera vez que preciso asistencia al viajero y ni aún así perdimos una excursión.
Conocimos el Anfiteatro de la Quinta Vergara, dimos una vuelta en barco por el puerto de Valparaíso y muchísimas cosas más. Conocimos una de las casas de Pablo Neruda, la que está en Isla Negra. Una excursión que ni mamá ni yo queríamos dejar de hacer. Fue impresionante entrar a la casa, con sólo recordarme pisando el piso de madera y mirando el mar ya siento que estoy ahí. La vista es maravillosa, inspiradora, algo así como hipnótica. Como dirían los jóvenes hoy día: "te re vuela la cabeza mal". Dicen que Pablo Neruda se emborrachaba en el barco que está a fuera de su casa y que disfrutaba imaginando que se adentraba en alta mar. ¡Era un groso! El barco la verdad estaba para manejarlo.
A Neruda le gustaba coleccionar cosas, tenía una gran cantidad de conchas y caracoles de todos colores y de todas formas. Hay tantas cosas en la casa que en poco tiempo no se puede apreciar los detalles. Y ni hablar del "audioguía", un aparato que te va relatando cosas mientras miras los objetos. Si te pones a pensar lo que va diciendo y te "perdes" -¡¡¡fuiste!!!- no escuchaste nada. Por eso, si no se puede ir con más tiempo, lo recomendable es mirar y escuchar, y no pensar. Yo volvería a Valparaíso si tuviera oportunidad, pero lo haría con más tiempo.
Con mamá nos sacamos fotos en la tumba de Pablo Neruda y su mujer, Matilde Urrutia. El coordinador, un muchacho joven -después de que una persona nos sacó una foto en la lápida- dijo mirándome a mí, que parecía un personaje de Disney. ¡Cuánta maldad! Jaja.
Cuando viajábamos para Chile me puse a charlar con mamá sobre Pablo Neruda, me inquieta saber por qué alguien que ya tiene un nombre se pone otro. (Por nada en especial). Es sólo que me gustaría conocer el motivo por el cual un día se despertó y dijo: "hoy soy otro" y se cambió el nombre. ¿No habrá sido así? ¿Cómo habrá sido? ¿Por qué no quiso hacerse conocido con su verdadero nombre, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto? De acuerdo, su nombre era muy largo, pero "Neftalí Reyes" estaba bien. ¿Por qué eligió un pseudónimo? ¿Por qué se puso Pablo? Se dicen muchas cosas sobre el origen de su pseudónimo sin embargo hubiese sido más interesante preguntárselo a él ya que las diversas especulaciones a mí no me convencen.
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| Conseguir buenos compañeros de viajes no es fácil |
También fuimos a Santiago (la capital). Había mucha gente amontonada = un kilombo. En un negocio de Santiago compramos los sombreros para cubrirnos del sol y comimos en un Burger King en donde me sentí observada de todos lados. Sentí estar dentro de un panóptico y de a ratos me acordaba de Marruecos. Fui a ordenar el menú, hice la cola y cuando me llamaron por el nombre contesté: "yo, acá" y todos los que estaban esperando me miraron.
Mi mamá se dio cuenta de que un grupo de hombres con trajes que estaban comiendo en una mesa de al lado nuestro no me paraban de mirar. ¿Yo qué podía hacer? Pensándolo bien, en Chile me podría cotizar muy bien. Antes de irnos del Burger King tuve que ir al baño que quedaba en el subsuelo. Bajé las escaleras y me resigné. Pensé que tenía que dejar la gente me mire, que aprecie lo bueno...jaja.
Conocimos la "Catedral Metropolitana de Santiago" y nos refugiamos ahí. Ver tannta gente como que asfixia. Para llegar a la catedral pasamos por una galería llena de locales de comida rápida y me extrañó ver que consuman tantos alimentos con harina, que pidan "completos" gigantes y que coman parados. El coordinador nos contó que ahí en Chile la gente en general come comida rápida, que no hay otras opciones más saludables.
Al día siguiente fuimos a la comuna de Papudo que se encuentra en la provincia de Petorca. Está pegada a la comuna de Zapallar -donde se ubica un balneario de uso exclusivo para la clase acomodada- y donde se dice que Benjamín Vicuña y Pampita suelen veranear.
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| Mamá Marta, la argentina cuica |
Nosotras nos quedamos en la playa de Papudo, una playa divina también. Ahí comimos, pero primero tuvimos que elegir el lugar. Entramos en un restaurante y no nos gustó. La dueña del lugar nos trató como si fuéramos unas argentinas ricachonas. Nos dimos cuenta que nos iba a costar un ojo de la cara (de cada una) así que salimos.
Entramos en otro. En éste nos sentamos en una mesa. A mi no me gustaba el lugar y tampoco lo que íbamos a comer, por lo que la "molesté" a mamá diciéndole que fuéramos a otro lugar, que para comer eso y encima pagar caro era mejor no comer, bueh, era mejor ir a otro lado.
Al final terminamos en el lugar que yo quería ir. Aunque fuera caro mamá iba a poder comer los mariscos que tanto le gustan y yo ir al baño. Entramos y el lugar era hermoso. Nos acomodamos una vez más, y después de ordenar fui al baño. La dejé a mamá en la mesa y cuando volví, volví con la novedad. ¡¡¡El inodoro era una maravilla!!! Apretando un botón -antes de sentarte- empieza a girar un papel de plástico que se va cambiando por otro limpio, y cuando frena, te podes sentar higiénicamente. Casi un milagro.
Mamá me contó que nos habían traído unos quesitos a la mesa. Dijo que eran tiernos y diferentes a los que comemos en casa. Asentí con la cabeza y unos minutos después, ya quedando dos cuadraditos, saqué uno. Me lo puse en la boca, lo mastiqué, agarré urgente una servilleta de papel y lo escupí. Esos cuadraditos tann tiernos y suavecitos... no era queso, ¡¡¡era manteca!!!
| Los quesitos eran una mantequita |
Comimos mariscos, tomamos unos tragos de frutas sin alcohol (riquísimos) y un pisco sour chileno que iba de cortesía.
Mientras comíamos se nos iban cayendo unos damascos del árbol que había, y mamá me los hizo juntar. En un momento un damasco se cayó al lado de mi plato y mamá me dijo que era para mí. Así que lo tuve que probar... y a decir verdad nunca probé un damasco tan dulce.
Mientras estábamos sentadas, pasaron por la radio la canción de la Teleserie "Ámame". ¡Qué emoción!
Terminamos de comer y volví al baño con mamá para mostrarle esa bendita máquina superpoderosa. A mamá también le gustó. Ninguna de las dos habíamos visto un inodoro así. Me puse la bikini, me renové el protector solar y cuando salimos del restaurante fuimos pa´ la playa.
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| Nada más lindo que quedarse sentada mirando la playa. |
Tenía muchas ganas de meterme en el mar y de jugar con las olas pero el agua estaba helada y aunque hubiese querido hacerme la valiente, con la insolación que me había dado tenía garantizado que ése día terminaba mal. Saltar de una hipertermia a una hipotermia me llevaría de nuevo a una clínica y eso no me interesaba, jaja.
Volviendo en el colectivo hacia el hotel ojeé los diarios. Me espanté cuando vi que en el suplemento deportes del diario "La Estrella" había esta clase de avisos:

Me enteré después que "Los cafés con piernas" son una costumbre en Chile. O sea, es normal que a los chilenos les gusten demasiado las mujeres. 😏
El viaje fue como una estrella fugaz. Se me pasó tan rápido que a la hora de estar en casa ya tenía ganas de agarrar la valija e irme a de viaje de nuevo. Sospecho que así va a ser siempre. Lo importante es que le ponga onda hasta que sepa cuál es la próxima parada.
| (El sol me obligó a guiñar el ojo, ja) |





