10 de febrero de 2018

Cáncer: ¿Perder la batalla?

El cáncer a veces mata aunque uno ponga el cuerpo, voluntad y energías para poder superarlo. Morir por cáncer no significa perder la batalla. 

Fuente: AECC

Los titulares recurrentes donde informan que alguien “perdió la batalla contra el cáncer” generan la creencia de que alguien no fue capaz, no puso lo necesario, que no “luchó” lo suficiente o que tal vez no quiso superar su enfermedad. Hay personas que viven menos tiempo desde el momento de su diagnóstico, sin embargo no significa que no hayan dado la pelea necesaria y que hayan fallado o se hayan rendido.

El año pasado se lanzó una campaña para hablar en positivo cuando se hace referencia al cáncer. La Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC) y otras fundaciones propusieron una campaña lanzada en el día mundial de la enfermedad donde se quiere dejar en claro que la lucha contra el cáncer no es una guerra, no se posee armas sino herramientas y no es sinónimo de enfermedad terminal ya que siempre se puede hacer algo.

Creer que una persona “pierde” contra el cáncer no sería justo. Cada persona tiene que afrontar situaciones que no son compararles con las de nadie porque cada paciente es afectado tanto físicamente como psicológicamente de diferente forma. Algunos cánceres que se manifiestan no dan tiempo, son fulminantes, agresivos y atacan sin piedad mientras que otros invaden el organismo y lo hacen en el transcurso del tiempo.

Para resistir al cáncer de mama mi tía Betty recurrió a muchas alternativas e hizo todo lo que pudo para curarse, tenía muchas razones para vivir que la "ataban" a este mundo. Logró sobrevivir muchos años -antes no era como ahora, no existían tantos avances médicos- y no me atrevería a decir que perdió contra el cáncer, al contrario. También mi mamá fue operada de cáncer de tiroides e hizo todo lo que le han pedido los médicos y en la actualidad lleva once años de supervivencia. Mientras que el papá de una de mis amigas falleció por cáncer de pulmón sin dar tiempo a tratamientos.

Hace unos años una tía se enfermó de leucemia, enfermedad que desconoció debido a que sus familiares decidieron ocultársela. El tema de si ocultar la enfermedad es una buena decisión depende de cada caso en particular. Ella falleció intranquila sospechando que algo malo tenía y nunca supo con seguridad qué le pasaba. En su caso pienso que si lo hubiera sabido, hubiera estado mejor predispuesta física y anímicamente, no lo se.

El otro día uno de mis alumnos de baile me comentó que su pareja fue diagnosticada con cáncer de piel y cada vez es más frecuente escuchar que alguien recibió un diagnóstico de cáncer. Ante situaciones como estas hay que tener en claro que todos los casos son diferentes y tienen diferentes pronósticos. A veces todo suele salir bien, pero otras por más que se haga todo lo posible para superar la enfermedad, no es suficiente.

El paciente inevitablemente es atravesado por el diagnóstico de cáncer para bien o para mal, su forma de ver el mundo cambia. Surgen miedos, esperanzas y tristezas, sin embargo los que también sufren y más pierden -en los peores casos- son los familiares, amigos y seres queridos.

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