El estudio, publicado en la revista Nature, se centró en una cisterna subterránea en Chichen Itzá.
Esta cisterna, llamada "Chultún", fue descubierta en 1967 y los arqueólogos pensaban que la mayoría de los restos óseos eran de mujeres.
Sin embargo, el análisis de ADN arrojó que la mayoría de las víctimas eran varones y provenían de niños de entre tres y seis años.
Estos niños eran primos y hermanos, lo que podría haber significado un símbolo de estatus social para las familias. Que fueran familiares directos podría ser interpretado para las familias como un privilegio.
"Tradicionalmente, los entierros asociados a un entorno subterráneo suelen ser ofrendas de fertilidad", dijo el investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania, Rodrigo Barquera. Barquera cree que es posible que los sacrificios hayan sido una súplica a los dioses por el rendimiento de las cosechas o por las lluvias.
Se realizaron también pruebas de sangre en personas que en el presente habitan la misma zona de Chichen Itzá.
Y se encontró continuidad genética entre los pobladores actuales y los niños enterrados.
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