Me llamaron a las 7:30 h para que fuera a trabajar a la escuela como asistente escolar. Me preparé rápido y salí.
Hoy, Ezequiel —el niño que mencioné en mi entrada anterior— me pidió que le pelara una manzana. Busqué un cuchillo y empecé a hacerlo, pero justo apareció la bibliotecaria pidiendo que le abriera la puerta. Dejé la manzana y fui a atenderla. Al salir, la mujer me soltó: "No les des tanta bola... a los chicos".
Volví a la cocina para seguir con la manzana, pero entonces apareció un compañero. Me preguntó si siempre hacía eso y le aclaré que era la primera vez. Me ordenó que dejara de pelarla y que fuera a limpiar los salones.
Le respondí que la terminaba y ya iba... pero me quitó el cuchillo de la mano y me dijo: "No, andá porque si no te vas a atrasar, que la coma así".
Se la devolví a Ezequiel con cara de arrepentimiento. Ya casi terminaba y no me costaba nada. Me sentí mal, pero al salir de la cocina, Eze me miró y me dijo: "Es loco...", como diciéndome que no me hiciera problema por él.
Hay chicos que demandan atención, atención que cualquiera con una sonrisa, una palabra, un gesto, puede dar. ¿Cuánto cuesta dedicarle unos segundos a alguien? Para mi no cuesta nada... pero al parecer a algunas personas les cuesta, y mucho.