30 de septiembre de 2011

Hay gente indiferente, fría y egoista

Me llamaron a las 7:30 h para que fuera a trabajar a la escuela como asistente escolar. Me preparé rápido y salí.

Hoy, Ezequiel —el niño que mencioné en mi entrada anterior— me pidió que le pelara una manzana. Busqué un cuchillo y empecé a hacerlo, pero justo apareció la bibliotecaria pidiendo que le abriera la puerta. Dejé la manzana y fui a atenderla. Al salir, la mujer me soltó: "No les des tanta bola... a los chicos".

Volví a la cocina para seguir con la manzana, pero entonces apareció un compañero. Me preguntó si siempre hacía eso y le aclaré que era la primera vez. Me ordenó que dejara de pelarla y que fuera a limpiar los salones.

Le respondí que la terminaba y ya iba... pero me quitó el cuchillo de la mano y me dijo: "No, andá porque si no te vas a atrasar, que la coma así".

Se la devolví a Ezequiel con cara de arrepentimiento. Ya casi terminaba y no me costaba nada. Me sentí mal, pero al salir de la cocina, Eze me miró y me dijo: "Es loco...", como diciéndome que no me hiciera problema por él.

Hay chicos que demandan atención, atención que cualquiera con una sonrisa, una palabra, un gesto, puede dar. ¿Cuánto cuesta dedicarle unos segundos a alguien? Para mi no cuesta nada... pero al parecer a algunas personas les cuesta, y mucho.

29 de septiembre de 2011

Extorsión fallida

Un nene de ojos verdes divinos me dijo algo que me molestó. Desconcertada, dije para mis adentros: "¡Mirá lo que me dijo este maldito!".

Pasaron dos días y finalmente pude hablar un poco con él. Después de hacerle algunas preguntas, supe su nombre: se llama Ezequiel, igual que mi hermano, ¡ja!

Estaba charlando con él hasta que tuve que ir a sacar unas fotocopias que me habían encargado. Abrí la puerta de la escuela y, cuando quise cerrarla para salir, Ezequiel la trabó y me preguntó:
— ¿A dónde vas?
— Al kiosco a sacar unas fotocopias.
— ¿Puedo ir con vos?
— No, me van a retar.
— Voy con vos.

Salió hasta la vereda y ahí me preocupé. Mientras yo retrocedía, le pedía que entrara conmigo, pero no quería. Él estaba con los pies afuera y yo con los pies adentro... ¡y no quería entrar! Después de unos largos y odiosos segundos, entró porque le dije que entonces yo no iba a ningún lado. En cuanto lo hizo, cerré la puerta con llave.

Se sentó en el piso con otros chicos que jugaban al ajedrez. Dejé pasar cinco segundos, abrí la puerta despacio y, mientras salía, pensé: "¡Ahora sí, lo engañé!". Pero una vez afuera, cuando estaba cerrando... ¡pum! Me puso el pie y me la trabó de nuevo.

Como no quería sacar el pie por nada del mundo, tuve que volver a entrar. Le pedí diplomáticamente que me dejara salir, pero no hubo caso. Intenté salir una vez más y se repitió la secuencia, con la diferencia de que esta vez, en vez del pie, puso el brazo. Al final, me cansé y esperé unos minutos a que se olvidara. Por suerte, alguien se puso a hablarle, se despistó y, aunque no pude convencerlo por las buenas, logré salir y cerrar la puerta.

ENTRADAS SUGERIDAS

¿Atrapado en un agujero negro?

Stephen Hawking , físico teórico, cosmólogo y divulgador científico británico de fama mundial por sus trabajos sobre leyes básicas que gob...

Entradas populares