En el
mundo de hoy los productos y servicios tienen un ciclo de vida cada vez más
corto, los cambios en la moda son cada vez más rápidos y las nuevas tecnologías
dejan obsoletos productos que la semana pasada eran innovaciones. Estamos
frente a la denominada cultura de lo desechable - descartable, en donde la
práctica del “use y tire”, “llame ya”, “compre hoy, pague mañana” prevalece.
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman quien patentó el concepto de "amor
líquido" explicó en una entrevista cómo son las relaciones de pareja
en la actualidad. “En cuanto alguien deja de satisfacernos o de sorprendernos,
o simplemente se vuelve parte de una rutina, lo descartamos o cambiamos por
otro”.
Las parejas de hoy ya no anhelan casarse como antes. El divorcio está en
aumento y el “hasta que la muerte los separe” parece ser un desatino. Ahora el
casamiento dura hasta que uno de los dos se cansa o se enamora de otra persona,
ya que son muy pocas personas las que están dispuestas a seguir en una relación
cuando hay problemas.
Debido a los avances en materia tecnológica se mantienen los principios de
“máxima comodidad” y “mínima expresión”, según el sociólogo Manuel Castells
todo se ofrece en versión resumida, editada, simplificada y “el síndrome del
mínimo esfuerzo predomina".
El consumismo y el menor esfuerzo se ve proyectado en las relaciones sociales. No querer tener hijos, no querer proyectarse en familia porque implica un sacrificio, querer ganar más dinero en menor tiempo y sin el mayor esfuerzo, son
pensamientos y prácticas que se cree que simplifican un poco la vida.
De acuerdo al registro civil porteño, las estadísticas arrojaron que se
duplicaron los divorcios luego de 4 años de matrimonio en 2018 y que las
parejas se casan cada vez menos. Mientras que en la provincia de Santa Fe se
registró el nivel más bajo de casamientos y nacimientos en 13 años, "se concretaron
1.002 casamientos y 2.546 nacimientos menos que en 2017".
Vivimos sin tener que hacer grandes distancias a pie, sin tener que ir a cazar
para poder alimentarnos y somos más sedentarios. Cada vez es más frecuente
no cocinar y pedir comida al delivery, tomar ascensor pudiendo subir y bajar
por las escaleras, andar en moto o auto unas pocas cuadras para no tener que
caminar. Y se suele decir que el ser humano cuanto menos hace, menos
quiere hacer.
Una frase bastante escuchada es: “para qué tanto esfuerzo sino vale la pena” aunque aplicada a ciertas circunstancias no es del todo cierta porque las cosas que cuestan muchas veces son las
que más valen. Aunque no veamos los frutos “ahora”, “ya”; tarde o temprano
habrá una recompensa aún cuando no sea de la forma en que la esperemos.
Disponemos de herramientas que hacen todo más fácil sin mucho padecimiento
ni esfuerzo manual ni mental. Desde que surgió el control remoto los televidentes
ya no tienen que levantarse o moverse hasta el televisor para cambiar de canal,
uno puede hacer zapping ejercitando sólo el dedo pulgar, recostado en un
sillón, o en una cama.
Apostar al amor sin caer reiteradas veces en
la comodidad ni en la costumbre del menor esfuerzo es uno de los grandes retos de ésta época. Cuesta dejar atrás el facilismo,
la tendencia a elegir las opciones que implican menos esfuerzo y el pensamiento
de que si cuesta mucho no lo vale.
La cuestión no es que las cosas nos tengan que costar en demasía, no obstante
tampoco podemos esperar que todo se “low cost”. Hay que valorar los logros que
hemos tenido en sociedad sin dejar de pensar en el uso que le damos a las
tecnologías y el valor que les otorgamos a las personas.
BIBLIOGRAFÍA
- Sin Mordaza, Multimedio Independiente de la Provincia de Santa Fe. Nota: "El 2018 fue el año con menos matrimonios y nacimientos en 13 años".
- Castells, Manuel (1997): La Era de la Información. Economía Sociedad y Cultura. Vol. 1 La sociedad red. Madrid, Alianza Editorial.
- Diario Clarín. Notas: "La convivencia en crisis" y "El amor en cuotas y con garantía muy limitada".
