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| Investigadores argentinos enfrentan un escenario crítico debido al incumplimiento de la Ley 27614. |
Argentina enfrenta una crisis presupuestaria que golpea con fuerza al sistema científico-tecnológico y quienes hacen ciencia en el país se encuentran ante un panorama cada vez más oscuro. La realidad de 2025 se perfila como una de las peores en décadas, con salarios deteriorados, proyectos paralizados y financiamiento que nunca llega.
El reciente informe del Grupo Economía, Política y Ciencia (EPC) que trabaja bajo el Centro Iberoamericano de investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) revela datos alarmantes: la Función Ciencia y Técnica (FCyT) de la Administración Pública Nacional representará tan solo el 0,157% del PBI en 2025. Este descenso drástico contrasta con años anteriores (0,302% en 2023 y 0,214% en 2024) y se ubica incluso por debajo del piso histórico de 2002 (0,177%). Además, se incumple la Ley 27614, que estipulaba un financiamiento del 0,45% del PBI para este año.
La falta de recursos afecta de manera crítica a quienes más los necesitan: investigadores, instituciones y programas cuyos avances se ven estancados o retroceden. Esto representa una pérdida significativa de oportunidades para el desarrollo científico y tecnológico del país. Y el deterioro salarial en el sector científico agrava aún más la situación.
El CONICET, principal institución de investigación científica del país, enfrenta una disminución del 41% en su presupuesto en términos reales comparado con 2023. La Agencia I+D+i, fundamental para la innovación tecnológica, sufrirá un recorte del 67% en términos reales desde 2023. Según el informe del CIICTI, los ingresos reales han sufrido caídas alarmantes: un 31,4% para la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC), la Carrera del Personal de Apoyo a la Investigación y Desarrollo (CPA) y Becas del CONICET. Un 25,3% en Universidades Nacionales y un 21,7% en el Sistema Nacional de Empleo Público.
Otros organismos como el INTA y la CNEA verán reducciones de un 39,6% y 39,9%, respectivamente. Asimismo, el INTI enfrentará una disminución del 37,6% y la CONAE, encargada de actividades espaciales, tendrá un recorte del 40% en términos reales. La situación también afecta al Banco Nacional de Datos Genéticos, cuya financiación disminuirá en un 50,4% en términos reales. Esta serie de recortes se traduce en la paralización de proyectos estratégicos, como el desarrollo satelital y la energía nuclear, que avanzan a cuentagotas debido a la falta de recursos.
¿Cómo se espera que las universidades puedan sostener sus actividades y formar nuevas generaciones de científicos si no se les proporciona el financiamiento necesario? La inversión en universidades nacionales también muestra un declive preocupante, con un descenso del 26,8% respecto al año anterior. Este dato se suma a la caída del 22% real registrada en 2024, evidenciando un deterioro progresivo y sistemático.
La crisis presupuestaria actual está provocando un éxodo preocupante de talentos: investigadores altamente calificados abandonan el país en busca de mejores condiciones laborales y financiamiento adecuado para sus proyectos. Este drenaje de recursos humanos compromete no solo la continuidad de iniciativas científicas estratégicas, sino también la capacidad de Argentina para generar conocimiento propio y competir en un mundo donde el avance científico y tecnológico define el desarrollo y la calidad de vida.
La comunidad científica argentina ha demostrado en reiteradas ocasiones su capacidad de innovar y enfrentar desafíos complejos. Sin embargo, este potencial sigue siendo menospreciado por políticas públicas que ignoran su importancia. Y las futuras generaciones también se ven afectadas al percibir un camino cada vez más incierto en la ciencia.
Si el Estado no responde con urgencia y responsabilidad, el país corre el riesgo de perder su potencial innovador y quedar rezagado en un escenario global cada vez más competitivo. La recuperación del sistema científico-tecnológico argentino es posible, aunque exige un cambio de rumbo inmediato, basado en voluntad política, compromiso y una planificación estratégica que priorice la inversión en ciencia y tecnología.
No se trata solo de números o estadísticas, sino del futuro mismo de Argentina. La ciencia y la tecnología no son un lujo, son necesidades básicas para el desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida de la población. Es hora de que el Estado cumpla con sus compromisos y garantice las condiciones necesarias para que el sistema científico-tecnológico florezca. De lo contrario, la crisis actual no será más que el prólogo de un retroceso aún mayor.
