23 de febrero de 2019

Apostar al amor a pesar de todo


En el mundo de hoy los productos y servicios tienen un ciclo de vida cada vez más corto, los cambios en la moda son cada vez más rápidos y las nuevas tecnologías dejan obsoletos productos que la semana pasada eran innovaciones. Estamos frente a la denominada cultura de lo desechable - descartable, en donde la práctica del “use y tire”, “llame ya”, “compre hoy, pague mañana” prevalece.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman quien patentó el concepto de "amor líquido" explicó en una entrevista cómo son las relaciones de pareja en la actualidad. “En cuanto alguien deja de satisfacernos o de sorprendernos, o simplemente se vuelve parte de una rutina, lo descartamos o cambiamos por otro”.

Las parejas de hoy ya no anhelan casarse como antes. El divorcio está en aumento y el “hasta que la muerte los separe” parece ser un desatino. Ahora el casamiento dura hasta que uno de los dos se cansa o se enamora de otra persona, ya que son muy pocas personas las que están dispuestas a seguir en una relación cuando hay problemas.

Debido a los avances en materia tecnológica se mantienen los principios de “máxima comodidad” y “mínima expresión”, según el sociólogo Manuel Castells todo se ofrece en versión resumida, editada, simplificada y “el síndrome del mínimo esfuerzo predomina". 

El consumismo y el menor esfuerzo se ve proyectado en las relaciones sociales. No querer tener hijos, no querer proyectarse en familia porque implica un sacrificio, querer ganar más dinero en menor tiempo y sin el mayor esfuerzo, son pensamientos y prácticas que se cree que simplifican un poco la vida. 

De acuerdo al registro civil porteño, las estadísticas arrojaron que se duplicaron los divorcios luego de 4 años de matrimonio en 2018 y que las parejas se casan cada vez menos. Mientras que en la provincia de Santa Fe se registró el nivel más bajo de casamientos y nacimientos en 13 años, "se concretaron 1.002 casamientos y 2.546 nacimientos menos que en 2017".

Vivimos sin tener que hacer grandes distancias a pie, sin tener que ir a cazar para poder alimentarnos y somos más sedentarios. Cada vez es más frecuente no cocinar y pedir comida al delivery, tomar ascensor pudiendo subir y bajar por las escaleras, andar en moto o auto unas pocas cuadras para no tener que caminar. Y se suele decir que el ser humano cuanto menos hace, menos quiere hacer.

Una frase bastante escuchada es: “para qué tanto esfuerzo sino vale la pena” aunque aplicada a ciertas circunstancias no es del todo cierta porque las cosas que cuestan muchas veces son las que más valen. Aunque no veamos los frutos “ahora”, “ya”; tarde o temprano habrá una recompensa aún cuando no sea de la forma en que la esperemos.

Disponemos de herramientas que hacen todo más fácil sin mucho padecimiento ni esfuerzo manual ni mental. Desde que surgió el control remoto los televidentes ya no tienen que levantarse o moverse hasta el televisor para cambiar de canal, uno puede hacer zapping ejercitando sólo el dedo pulgar, recostado en un sillón, o en una cama.

Apostar al amor sin caer reiteradas veces en la comodidad ni en la costumbre del menor esfuerzo es uno de los grandes retos de ésta época. Cuesta dejar atrás el facilismo, la tendencia a elegir las opciones que implican menos esfuerzo y el pensamiento de que si cuesta mucho no lo vale.

La cuestión no es que las cosas nos tengan que costar en demasía, no obstante tampoco podemos esperar que todo se “low cost”. Hay que valorar los logros que hemos tenido en sociedad sin dejar de pensar en el uso que le damos a las tecnologías y el valor que les otorgamos a las personas.

BIBLIOGRAFÍA

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