26 de marzo de 2018

El mal, una elección


¿La mayoría de las personas tienen conciencia? Fue una de las preguntas que me hice hace unos años atrás. Luego de reflexionar, pude llegar a una respuesta. A la respuesta de que sí. Que todas las personas tienen consciencia con la excepción de aquellos que padecen algún tipo de enfermedad o incapacidad que altera sus facultades mentales.

El ser humano siempre ha querido y quiere inculcar su “verdad” sea política, religiosa o de otra índole, a los otros. No hay posibilidad de que nos pongamos de acuerdo en algún tema porque todos somos diferentes sin embargo eso al ser humano le cuesta entender porque generalmente quiere y busca que sus pares piensen y actúen igual o como ellos quieren. Las religiones que han intentado "someter" a las personas a la fuerza con el motivo de que pensemos iguales y encontremos la “verdad” tienen un mismo denominador común, estan conformadas siempre por personas.

Todas las personas que han desoído a la razón, la naturaleza y a Dios bajo distintas banderas religiosas creo que no han leído o entendido un versículo de la “Biblia” que dice “vence con el bien el mal”. Por tanto deberíamos transformar el mal en algo bueno ya que Dios no manda a hacer justicia con violencia, nos pide que lo hagamos practicando el bien. Para mí esta vida tiene sentido porque existen razones para luchar contra el mal y a eso Dios nos manda. ¿A quién se le ocurre hacer el bien sometiendo, torturando y matando?

El aborto, un tema que sigue y seguirá siendo motivo de discusión, refleja distintas miradas e interpretaciones. Una mujer que recurra a quitarle la vida a un hijo que lleva en su vientre nunca podrá sanar la pena que eso conlleva sin importar el motivo por el que lo hubiese realizado. No volverá a ser la misma aunque pareciera que su vida sigue normal, además puede pasar también que esa mujer quede estéril o no tolere esa práctica y suceda lo peor: la muerte.

El hecho es que el aborto trae consecuencias. Un Andrea Bocelli, un Van Gogh, un Neruda, un Pasteur, un Chopin y una Marie Curie menos en el mundo, por nombrar algunos. Consecuencias, visibles o no, pero consecuencias al fin. Es verdad que hay infinitas miradas ante un hecho pero lo bueno es bueno y lo malo es malo. Lamentablemente aunque queramos ver que el aborto es un acto bueno, nunca lo es.

No hace falta decir que estoy en contra del aborto para mí vida y del "aborto legal, seguro y gratuito" y que me es difícil poder entender que muchas mujeres lo promuevan pero debo aclarar, que tampoco estoy a favor de que mujeres o niñas vulnerables que han sido violadas o que corren riesgos de vida y están en situaciones críticas deban cursar con un embarazo y luego hacerse cargo de una nueva vida sin ayuda de nadie. El Estado debería ayudar a las mujeres de otra manera porque el aborto nunca es una opción, como tampoco lo es "la vida" a costa de todo lo demás. Es un tema muy complejo que deriva en muchos análisis.

Pienso que la maldad está en el mundo no porque Dios lo hubiera querido sino que lo permite, no tendría que haber existido pero según algunas interpretaciones el hombre lo eligió. Para los cristianos el mal surge por la existencia del hombre con el pecado original y en la actualidad -cristianos o no- podemos decir que el mayor responsable del mal sigue siendo el hombre. Vivimos en un mundo donde hay guerras, asesinatos, hambre, contaminación, tala de árboles... ¿y eso lo genera Dios? No, no lo genera Dios, lo genera el hombre con su voluntad errando en sus decisiones.

Las personas deberíamos siempre sacar un bien de algo malo pero la gran parte del tiempo lo empleamos para ejecutar venganza o generar más dolor. Debido a que el mal existe, el ser humano puede valorar el bien ya que si no existiera el dolor no habrían lecciones ni aprendizajes y no podríamos apreciar el bienestar. "No hay luz sin oscuridad" y para que el ser humano pueda conocer el bien es necesario que conozca el mal. Tenemos libertad y como consecuencia es lo que nos toca vivir en ésta vida. Por el contrario si no la tuviéramos seríamos como títeres o robots manejados a su antojo con el fin de evitar el mal. El mal es parte de la vida y no veo por qué el sufrimiento tiene que ser eliminado de la tierra. Además creo que la existencia del mal nos puede servir para madurar, valorar y progresar.

Respecto a las enfermedades muchas han sido creadas y/o propagadas por el ser humano y actualmente muchos especialistas sostienen que las personas que se enferman se "programan" para eso. De alguna forma muchos han elegido padecer ése mal. Yo que creo que Dios es como un buen padre que no disfruta del sufrimiento, al contrario querría evitar el sufrimiento de sus hijos. Un padre terrenal por más que quisiera no podría evitar el sufrimiento de sus hijos ni aunque los encierre en su casa y los cuide las 24 hs. Es imposible y en caso de que lo hiciera, les estaría provocando un mal mayor al no darles “libertad”. Los estaría incapacitando para el día de mañana en el que deban vivir en sociedad.

Saber lo que es bueno y no hacerlo es una de las causas que conduce al hombre a la soberbia, una falta en la que se hunde continuamente. Cae en la soberbia y la vanagloria por no querer subordinarse a Dios y reconocerlo en todos sus caminos. Muchas veces el hombre utiliza recursos que sirven para el realizar el mal en vez de emplearlos para fines benéficos. Como las personas que eligen qué niño debe o no nacer, científicos que seleccionan embriones, cambian, modifican y alteran genes de seres humanos y diversas especies de animales aspirando a parecerse y/ o superar cada vez más a Dios. No digo que el trabajo de los científicos y que las nuevas tecnologías sean malos, pienso que todo depende de sus fines y éstos, siempre, los elige el hombre. 

18 de marzo de 2018

Por caminos diferentes


Una vez Cintia Di Marco, una compañera de la secundaria, me dijo en mi cara: "Te envidio". Una frase que hasta ahora por suerte nunca volví a escuchar. ¿Por qué habrá de envidiarme? pensé. Ella era linda y parecía muy madura, además muchos chicos de la escuela decían que “estaba buena”, que tenía linda cara y lindo cuerpo y era muy extrovertida. ¿Qué más le faltaba? Para mi tenía todo lo que una chica podía desear. Sin embargo, dijo que me envidiaba.

En aquel momento mi amiga Noe y yo teníamos 16 años y ella 17. Aunque era un año de diferencia la veíamos “re grande”. En ese tiempo nos enteramos que Cintia había quedado embarazada, fue un día mientras volvíamos del Parque de las Colectividades -donde solíamos tener clases de gimnasia- que Cintia nos contó que estaba esperando un bebé. A Noe y a mí nos sorprendió, pensamos que debía ser difícil enfrentar una situación así pero nos pusimos contentas porque la veíamos madura, creíamos que iba a poder criar bien a ése bebé. Notamos que a Cintia le pareció raro que lo hayamos tomado bien, que la felicitáramos y que le diéramos ánimo frente a esa situación. 

Obviamente que la percepción que teníamos cambió después de haber pasado el tiempo, porque más allá de que la viéramos grande tenía tan sólo 17 años. La verdad, no me hubiera gustado quedar embarazada en aquel momento pero si me hubiese pasado creo que yo -no mi familia- lo hubiera tomado bastante bien. 

Ahora, después de tanto tiempo, creo que yo la envidio a ella. Tengo 28 años y puedo decir que hice muchas cosas, me recibí de periodista, me especialicé en periodismo científico y sigo estudiando. Hice lo que quise. Lo que me pareció. Lo que me gustó, y lo que no también. A fin de año si Dios quiere voy a obtener el título de licenciada y sin dudas va a ser un gran motivo para estar contenta y festejar. Pero en la vida no todo es trabajo y estudio. 

Yo quiero tener un compañero de vida a mi lado, alguien con quien compartir muchas cosas, con quien disfrutar de la vida, con quien formar una familia. El problema es que me cuesta encontrarlo. Busco alguien que no sea soberbio, irrespetuoso, quejoso, controlador, celoso, ni malhumorado. Y eso es difícil. 

Con todo esto quiero decir que mientras tanto tengo que conformarme con disfrutar de los bebés ajenos y como me dijo "alguien" sabiamente, dedicar más tiempo a la “búsqueda” de ésa persona (que eso es lo que comencé a hacer). A ver si entre tanta gente encuentro un "hombre" y consigo que me pase lo que le pasó a Cintia hace 12 años.

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