Una vez Cintia Di Marco, una compañera de la
secundaria, me dijo en mi cara: "Te envidio". Una frase que
hasta ahora por suerte nunca volví a escuchar. ¿Por qué habrá de envidiarme?
pensé. Ella era linda y parecía muy madura, además muchos chicos de
la escuela decían que “estaba buena”, que tenía linda cara y lindo cuerpo y era muy extrovertida. ¿Qué más le faltaba? Para mi tenía todo lo que una chica podía desear. Sin
embargo, dijo que me envidiaba.
En aquel momento mi amiga Noe y yo teníamos 16
años y ella 17. Aunque era un año de diferencia la veíamos “re grande”. En ese tiempo nos enteramos que Cintia había quedado embarazada, fue un día mientras
volvíamos del Parque de las Colectividades -donde solíamos tener clases de gimnasia-
que Cintia nos contó que estaba esperando un bebé. A Noe y a mí nos sorprendió,
pensamos que debía ser difícil enfrentar una situación así pero nos pusimos
contentas porque la veíamos madura, creíamos que iba a poder criar bien a
ése bebé. Notamos que a Cintia le pareció raro que lo hayamos tomado bien, que la felicitáramos y que
le diéramos ánimo frente a esa situación.
Obviamente que la percepción que teníamos cambió después de haber pasado el tiempo, porque más
allá de que la viéramos grande tenía tan sólo 17 años. La verdad, no me
hubiera gustado quedar embarazada en aquel momento pero si me hubiese pasado
creo que yo -no mi familia- lo hubiera tomado bastante bien.
Ahora, después de tanto tiempo, creo que yo la envidio a ella. Tengo 28 años y
puedo decir que hice muchas cosas, me recibí de periodista, me especialicé en
periodismo científico y sigo estudiando. Hice lo que quise. Lo que me pareció.
Lo que me gustó, y lo que no también. A fin de año si Dios quiere voy a
obtener el título de licenciada y sin dudas va a ser un gran motivo para estar
contenta y festejar. Pero en la vida no todo es trabajo y estudio.
Yo quiero tener un compañero de vida a mi lado, alguien con quien compartir
muchas cosas, con quien disfrutar de la vida, con quien formar una
familia. El problema es que me cuesta encontrarlo. Busco alguien que no
sea soberbio, irrespetuoso, quejoso, controlador, celoso, ni malhumorado. Y eso es difícil.
Con todo
esto quiero decir que mientras tanto tengo que conformarme con disfrutar de los bebés ajenos y como me dijo "alguien" sabiamente, dedicar más tiempo a la
“búsqueda” de ésa persona (que eso es lo que comencé a hacer). A ver si entre tanta gente encuentro un "hombre" y consigo que me pase lo que le pasó a Cintia hace 12 años.
