30 de abril de 2017

El dolor de mi mano superó el juicio de los médicos

Todo empezó un día en el que mi vida marchaba relativamente bien. Había terminado de estudiar, tenía un trabajo y vivía como quería (hacía lo que quería, cuando quería, cómo quería y donde quería…). Nadie me decía qué hacer, qué comer, ni me sugería cómo vestirme, tampoco nadie me trataba mal. Con 29 años y soltera hacía lo que quería, hasta que... “me volví loca”.

Luego de 2 años y 3 meses, y 3 mudanzas sin descanso en el mismo puesto de trabajo, tuve que faltar por primera vez por una tendinitis en la muñeca derecha por los movimientos repetitivos que hago trabajando. El médico que me atendió en el sanatorio al principio me dio reposo y rehabilitación pero fue pasando el tiempo y yo seguía con dolor en la mano cuando tendría que haber mejorado.

Pese a que me dolía la mano el médico me dijo que volviera a trabajar, que dejara los estudios médicos y que volviera a mi vida normal. No muy conforme con eso, porque considero que soy ”relativamente” joven y sana (ya no tengo 20 años y siento dolor) iba a volver a trabajar, como me dijo que hiciera.

Le dije a mi mamá que tenía que volver a trabajar y me preguntó:
- ¿Con dolor?
- Sí. El médico me dijo que soy joven y sana.
- ¿Y no te dijo que eras bonita?
- No, jaja.
- Entonces falló en el diagnóstico.

Unas mujeres que conocí mientras hacía trámites administrativos me dijeron que no volviera al trabajo con dolor y me recomendaron un médico. No estaba muy segura de consultar otro médico pero me convencieron y finalmente lo consulté. Le conté todo lo que había hecho, le llevé los estudios y me dijo que había sido bien atendida, que me habían evaluado bien. Me dijo que estaba sana y que no tenía nada. (Y claro, en los estudios aparentemente no se veía nada anormal).

Loca, bien loca
“Entonces yo estoy loca, pienso que me duele el brazo y la mano y logro con la mente hacer que me duela” le dije al médico. Y mientras yo hablaba, me miraba como diciendo que era así como yo decía. Me hizo varias preguntas insinuando que no estaba bien de la cabeza, me preguntó si estaba teniendo algún problema del cual que no me diera cuenta y me hizo otras preguntas sobre mi vida. Me dijo que me daba unos días de reposo pero que yo estaba sana. Entonces -con la voz quebrada- le dije que iba a buscar un psiquiatra para que me atienda porque el dolor yo lo sentía.

Salí del consultorio con una angustia y pensé y repetí dos veces en voz alta: “Yo no estoy loca”, “No estoy loca”. Cuando llegué a casa, triste y desconcertada me senté frente a la compu a buscar psiquiatras que vivieran cerca de mi casa (si tenía que hacer una terapia larga era preferible no tener que ir muy lejos). Hice una listita y la guardé en mi agenda. Si yo tengo este problema es porque tengo un gran poder mental, pensaba. ¿Cómo no proyecté tantas cosas que quiero antes? ¿Cómo no tengo una casa grande con patio, flores y plantitas? Ni la Hilux negra y millones de dólares para viajar y hacer todo lo que quiero. Esas preguntas me atormentaron por muchos días, hasta que volví a caer en una guardia de un sanatorio.

El médico que me atendió esta vez me pidió que me hiciera otra ecografía. Yo había llevado la que me había hecho y le dije que no se veía nada, la miró y me dijo: “vamos a hacer otra ecografía porque ya pasaron tres meses y no sabemos si hay cambios”. Acepté hacerme otra ecografía confiada en que no se iba a ver nada porque ir al trabajo era equivalente a sufrirrrr. No podía volver porque el día que había vuelto (me reintegraron haciendo caso omiso al médico que sugería reposo) la pasé muy mal, me agarró un dolor horrible en la muñeca y pensé que me descomponía.

Fui a hacerme la ecografía y el ecografista me pidió que le diera la mano izquierda. Pensé: “para qué la quiere si la mano que me duele es la derecha”. Le extendí el brazo izquierdo igual y me mostro la diferencia de ambas manos. En imágenes una mano se ve más oscura que la otra, y en el informe que me entregaron figura que los signos son compatibles con “Tenosinovitis de Quervain”. Además de distensión líquida de la vaina de los tendones flexores en el túnel del carpo.

Por este bendito problema me quedé sin vacaciones, me interrogaron sobre mi vida privada para ver qué problemita podía tener, creyeron y me dijeron que estaba psicosomática, que estaba haciendo berrinche para no ir a trabajar o para que me cambien de trabajo. Me maltrataron y me trataron de mentirosa, pero yo no quería cambiar nada de mi vida hasta ese momento, tenía mejores planes que enfermarme. Quería salir de vacaciones, viajar a España y recorrer esta vez el norte. Pero no, no, no y no.

Quizás soy como los elefantes de indonesia que presintieron el tsunami del 2004. Tal vez presentí que me iba a pasar algo en la muñeca derecha y... después me pasó. La pregunta que ahora no me deja dormir es: ¿además de loca, soy bruja?


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