30 de diciembre de 2013

EN LA VIDA: APRENDIZ


"Si los zapatos te lastiman, te van a seguir lastimando hasta que no te lo saqués", era lo que pensaba. Esta frase está bien aplicada a los zapatos, sin embargo no puede trasladarse a las relaciones sociales porque viviendo en sociedad hay muchas cosas que no se pueden evitar, aún cuando uno elija a las personas con quién compartir el tiempo.

Hay que aprender a aguantar insultos, menosprecio, maltrato, humillación y después no cambiar de parecer, no cambiar de actitud. Una frase popular dice que "el ser humano es el único que se tropieza dos veces con la misma piedra" ¿pero cuántas veces va a seguir tropezando con lo mismo sin intentar otra cosa?

Tomé de una persona que conocí hace algunos años la siguiente frase de Quilón: "Las tres cosas más difíciles que hay en la vida son: mantener un secreto, ignorar los insultos y hacer buen uso del tiempo libre".

Ignorar los insultos es un trabajo complicado porque por más que muchas veces quieras evitarlos los vas a tener que aguantar. Si algo te molesta por más que elijas a las personas con quién rodearte tenés que aprender a ignorar gestos, palabras, dichos o consejos, es decir, cualquier cosa que sea nociva y que no aporte nada bueno a la vida de uno (aun cuando fuera expresada con buenas intensiones). Con elegir a tus amigos y las personas con quien querés compartir tu tiempo, no alcanza. "Todo me es lícito pero no todo me conviene", dice la Biblia y hay que entrenarse para que no importe lo que no tiene que importar. Para descartar de la vida de uno lo que no sirve (sin importar de qué persona venga) hay que aprender a elegir y desechar.

Mantener un secreto es otra tarea difícil. Hay que saber qué decir, cuándo, cómo, dónde y a quién. No se puede revelar (confesar) todo. Sueños, pensamientos y proyectos no pueden ser contados a cualquiera.

Y hacer buen uso del tiempo libre (se entiende). Sólo habría que sacar la palabra libre. Hay que hacer buen uso del tiempo.

Una frase de Martin Luther King para tener siempre en cuenta"No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos".

Ir contra la corriente tiene un costo alto, pero en la vida no se puede ser cobarde aún cuando se esté muy cansado, abatido, aplastado... no hay que resignarse. Hay que atreverse, aventurarse, adelantarse, hay que aprender, conocer, probar, admirar y equivocarse. Para lograr cosas hay que moverse, hay que hacer cosas, hay que entrar en acción.

En diciembre me terminé recibiendo de periodista y uno de mis compañeros puso en Facebook que fui la única "desubicada" que se recibió (la frase inserta en el contexto no era chocante, supongo que no lo escribió con mala intensión) pero cuando le conté a mamá, ella me dijo que le vino a la cabeza la imagen de una hilera de patitos en donde uno de los patitos se desalinea, se sale de la fila.

Yo había planificado rendir todas las materias y recibirme en diciembre de 2013. Quise ir a mi ritmo y lo hice sabiendo que iba a ser mal visto. Que era un "intento no permitido" por sólo hacer algo que no iban a hacer mis demás compañeros.

El año pasado también me había hecho la ilusión de estar en pareja, de compartir el amor, tener hijos, de tener una vida "normal", hasta que todos mis proyectos se vinieron abajo. No quería ser un patito salido de la fila. Al menos yo no quiero ser como el patito feo de Christian Andersen. Él tuvo un final feliz pero era un cisne y una creación de un cuento. Yo soy un ser humano y reconozco que los humanos somos complicados.

Cuando se derrumbaron todos mis sueños, no sabía qué hacer. Quería saber cómo desinstalar los pensamientos que tanto mal me hacían pero no sabía cómo hacerlo. ¡Como si desinstalar un pensamiento fuera igual de fácil que desinstalar un programa! Bueno, yo tampoco se desinstalar un programa. Probablemente muchas personas se rían de eso pero si algo aprendí en estos años fue que la necesidad moviliza y yo hasta ahora no necesité desinstalar ningún programa de mi computadora. 

No puedo entender por qué se da por sentado que todos deberíamos tener que saber lo mismo, por qué tendríamos que querer hacer lo mismo, por qué todos deberíamos actuar igual, por qué tendríamos que ser iguales.

27 de diciembre de 2013

Freddy, te perdono


Mi amiga Erica cumplió 27 años. Hicimos la previa en O´connell´, y después fuimos a Lotus. Fue la primera vez que bailábamos con vinchas, vinchas que decían "Hot", "Love" y "Sexy". Muchos nos miraba sin disimulo. Estábamos en un boliche (no lleno) llenísimo de personas, pero llamábamos la atención igual. Por momentos nos sentimos incómodas pero después nos olvidamos que llamábamos la atención y no nos importó.

La verdad es que es mucho más fácil ir a bailar en pareja. ¿Por qué lo digo? Porque si alguien se te acerca, enseguida regresa por donde vino... y eso, a mí me gusta. Me gusta bailar sola. Sin que nadie me apriete, ni me intente dar un beso. No me gusta estar en estado resistente como si tuviera rigor mortis. Me gusta sentirme libre, bailar relajada y tranquila.

Erica fue con su novio y mi otra amiga, Noe, también. Éramos un grupo impar. Yo bailaba con mis amigas, hasta que... ¡¡¡Conocí un chico mientras bailaba!!!! Se llamaba Santiago y bailaba muuuuy bien. Tanto que le conté a mamá que había conocido a un muchacho que "estaba borracho" pero que bailaba bien.

En la conversación que tuvimos recuerdo que como tres veces le dije: "No te entiendo". La cuestión es que le pasé mi número. No iba a dárselo, pero me pareció un muchacho bastante tranquilo respecto a los demás (esos insistentes que te quieren sacar un beso). Me dio su celu para que le escriba mi número y pensé en poner cualquier otro... hasta que me sentí culpable y le terminé pasando mi número verdadero. ¡¡Esa maldita culpaaaaa que siempre me hace cambiar a último momento!!

Al día siguiente Santiago me escribió varias veces. Le contesté tarde porque (aunque no suene creíble) estaba estudiando. Me empecé a preguntar si ya se le había pasado la borrachera porque algo no parecía andar bien. Pasaron varios días en los que me "llovían" mensajitos con errores ortográficos y a todas horas. ¡¡¡Qué horror!!!

Cuando era chiquitita, le tenía mucho miedo a Freddy Krueger. En sueños, él me perseguía por el barrio queriéndome alcanzar. Sí, es terrible que una nena sueñe con Freddy, pero si alguien me hubiera dicho que existían cosas como éstas, hubiera dormido más tranquila.

Los mensajes que Santiago me mandaba siempre me dejaban pensando. Hasta que me cansé, y no le contesté más. ¿Qué se cree? Le dije que no tenía crédito (una mentirita piadosa) pero me sigue escribiendo igual.

Finalmente le pude sacar la ficha. Un día esperando a alguien en la puerta de la "Defensoría del Pueblo" con un frío terrible me puse a releer los mensajitos para olvidarme que me estaba congelando. ¿Qué palabra es "vanto"? ¿Qué habrá querido decir? ¡Ay Dios, cómo me hace pensar éste hombre! Lo leí varias veces pero no, no lo sacaba. Y entre el viento y el aburrimiento, lo volví a leer una vez más, y lo descubrí. ¡Lo descubríiiiiii!

Esa noche él bailaba tan bien para estar borracho... porque no estaba borracho. Y no fue casual que le dijera como tres veces "no te entiendo". No era por el ruido que no le podía entender lo que me decía esa noche. "Mele vanto" significa que: sele vanta a travajar. Perdón: que se levanta a trabajar. Textual: "y mele vanto los a días a travajar..."

Bueno, yo no entendíaaa, no estoy acostumbrada a este tipo de escritura. ¡¡Menos mal que no busqué "vanto" en el diccionario, porque no me lo hubiese perdonado!!!

29 de noviembre de 2013

El delito de vivir un cuarto de siglo sola

¡Ya está! Llegué a los 25 años. ¡Llegué a los 25 y completamente sola, sin pareja! Pasaron diez años de aquella frase: "Ya estás en edad de merecer." Y hoy me preguntan cómo es posible que haya llegado a esta edad sin novio. Ya sé, es que es casi una tragedia, y cualquier mujer sin pareja puede afirmar que siempre se cruza con gente que conspira maliciosamente para que una busque un novio. Mientras escribo, escucho un: "Te vas a quedar sola." Pero, ¿qué importa? A mí nunca me importó mucho estar en la edad de merecer, ni encontrar el amor de mi vida, mi media naranja, mi príncipe azul, mi alma gemela... Porque si me hubiera importado, ahí sí creo que hubiese estado en verdaderos problemas.

Y la presión no viene solo de casa, ¡viene de todos lados!

Hace unos meses estaba trabajando con mujeres más grandes que yo y, como siempre me molestan con eso de que tengo que formar una familia, les dije (a modo de maldad) que me iba a quedar sola. Las dos, en coro, gritaron "¡Nooooo!" y parecían sufrir. Jamás esperé que reaccionaran así, así que me empecé a reír. Es terrible cómo la gente se empecina en que una haga lo que los demás quieren. Hace años aprendí que lo bueno para uno no muchas veces es bueno para otro, pero eso, parece que los demás todavía no lo aprendieron.

Y la cosa es que afuera, el panorama tampoco ayuda. De mis amigas de la secundaria, dos tienen novio, una se casó y la otra se juntó y tiene una beba. De mis amigos varones, los tres tienen novia, y uno de ellos convive con ella. Vaya. Sí, todos están de novios, excepto yo.
Si les digo la verdad, el principal foco de esos "problemas" y donde todo empezó... fue la familia. Y es mi mamá quien no ve la hora de verme casada con alguien. No pierde oportunidad. Si le gusta un muchacho, enseguida me ofrece, tipo "producto en venta". Recuerdo que una vez acompañé a mi hermano al médico porque se había quebrado la clavícula. Lo acompañé esa única vez, y nunca más, porque mi mamá al conocer al joven médico, le pareció bien darle "datos míos." Y como me molestó no lo acompañé más. Aunque lo peor fue en un viaje a Marruecos, donde un muchacho le dijo: "¡Qué linda que es su hija!", y ella respondió a modo de gracia: "Si querés, te la vendo por dos camellos."

Ahora ya no dice que estoy en edad de merecer. Y no sé si eso sea tan bueno, porque ahora me pregunta directamente: "¿Eli, cuándo me vas a traer un novio?". Ayer llamé a mi prima para desearle feliz cumpleaños; cumplió 25 igual que yo. Estaba enojada porque le están buscando novio en la iglesia, la quieren "acomodar". Pero bueno, hay que reconocer que ya está grande. Y si no la emparejan ahora, la pobre —Dios quiera que no— va a terminar solterona.

Va pasando el tiempo y una sigue sola... y esa es una condición que, al parecer, te quita dignidad. Algunos desubicados te preguntan si en verdad te gustan los hombres. Otros, en forma indirecta, te dan a entender que sos rara. La verdad es que, lamentablemente, a la mayoría de las mujeres que conozco que estamos solas, sí nos gustan los hombres.

La gente se asombra de nosotras, sobre todo los mayores. Y tampoco comprenden por qué hoy la juventud se separa tan rápido. Con esa mentalidad de "viva hoy, use y tire, compre hoy y pague mañana," dicen que no aguantamos nada. Y es que somos unas perdidas por culpa del egoísmo. ¿Cómo nuestros abuelos y bisabuelos pudieron encontrarse en un pueblo pequeño y nosotras no podemos conocer a nuestra alma gemela con la cantidad de gente que nos cruzamos y conocemos por día? Hoy, la mayoría de las mujeres quiere una carrera, un trabajo estable, y quiere sentirse segura económicamente sin depender de nadie. Pero parece que pecamos de egoístas por no emparejarnos.

Y es en momentos así, cuando siento toda esa presión, en que me pongo a reflexionar... A veces pienso que nací predestinada a quedarme sola y que los malos ejemplos, las malas experiencias, hacen que corra el tiempo y siga sola. Otras veces, pienso que estoy sola para simplemente llevar la contra y no darle el gusto a la mayoría de la gente. Es que la gente mete presión para encontrar pareja... Algunos lo harán de bondad, sin pensar; otros, de maldad, de envidia, porque estar sola también tiene ventajas, aunque nadie las vea. Creo que si no conozco a alguien compatible, si no siento que mi vida tenga que girar en torno a alguien más, será mi elección que me miren con lástima y que me tengan compasión por no tener pareja, por no tener hijos. Será mi elección quedarme a vestir santos. Pero mi bisabuela, desde el cielo, me diría: "Hija, más vale vestir santo... y no atorrante."

10 de octubre de 2013

Interpretando las vidas de Job y Jesus


"Había en el país de Uz un hombre llamado Job. Era el hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" al cual Dios le permitió que le pasara muchas desgracias.

Job perdió sus riquezas, perdió el ganado, los camellos y las ovejas que poseía. Perdió a sus hijos por una tormenta, contrajo una enfermedad que le trajo mucho sufrimiento y su esposa al ver todo lo que le pasaba lo aconsejó con un: "Maldice a Dios y muere."

Job no lo hizo. No quiso maldecir a Dios. No hizo nada de lo que le dijeron. Estaba lleno de inquietudes, de dolor y sin fuerzas sin embargo no lo hizo.

Maldice Job el día en que nació y se lamenta sin consuelo: "Dios me ha entregado al mentiroso, en las manos de los impíos me ha hecho caer". "Mi rostro está hinchado por el llanto y mis párpados entenebrecidos, a pesar de no haber iniquidad en mis manos y de ser pura mi oración".

También sus tres "amigos" quisieron hacerle entender que él no había sido un hombre justo y que por eso Dios no lo iba a escuchar. Aún así, Job pensaba que no era él (ni cualquier persona) quien pudiera replicarle a Dios nada de lo que le estaba pasando.

Él aborrecía su vida y se lamentaba por estar vivo pero esperó y dijo: "Aunque él me mate, en él esperaré". Finalmente Dios prospera a Job dándole más de lo que tenía al principio.

La historia de Job es para mí es un ejemplo de vida. La relaciono con la vida de Jesús y me pregunto: ¿por qué Jesús, que vino al mundo con un propósito a esta tierra, con una misión específica, en el momento de su crucifixión, iba a decir: "Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

Dejando de lado las posibles explicaciones que pueda haber sobre éste tema, afuera y dentro de Internet y conociendo la vida de Job me pregunto: ¿Si Job que no sabía lo que le iba a pasar no le cuestionó nada a Dios, cómo iba Jesús a hacerlo?

Jesús sí sabía a qué venía al mundo y sabía que Dios nunca lo iba a abandonar. Es por eso que Dios nunca pudo abandonar, olvidar, dejar, desamparar a Jesús. De lo contrario, si abandonó a Jesús... ¿Qué podríamos esperar de Dios los seres humanos? No tendríamos salvación, estaríamos perdidos.

Dios nunca abandonaría a ninguna persona -puede darle pruebas o permitir que le pasen las mismas cosas que nos pasan a todas las personas- pero nunca abandonarla.

¿Por qué Jesús iba a preguntarle a Dios por qué lo abandonó, si él sabía bien a qué venía al mundo?

Otra pregunta sin respuesta.

27 de septiembre de 2013

Un intento por descubrir el mundo de Ryszard Kapuscinski

El periodista Ryszard Kapuscinski, autor de “Mis viajes con Heródoto” afirmó que para comprender la propia cultura hay que comprender antes las otras.

Tal vez la definición que más se acerca al ideal de Ryszard Kapuscinski y por la cual podríamos decir que él estaba profundamente interesado en conocer las diferentes culturas -además de la suya propia- es la de el autor Brown, quien sostiene que la cultura se concebía como un instrumento que cumple con la función de unir a los hombres. El interés de Ryszard Kapuscinski radicaba en el compromiso que tenía con la búsqueda de la unión y hermandad de los hombres investigando las diferentes culturas para garantizar la igualdad, para que todas las personas de la sociedad puedan acceder a lo mismo y tengan capacidad de elección.

La Antropología y otras disciplinas demostraron dificultad de reducir (achicar, ajustar, disminuir) lo diverso bajo leyes o principios que se apliquen mecánicamente. ¿Será que una de las razones por la que resulta dificultoso encontrar una ley que rija las diferencias sea porque más allá de los grandes rasgos, de los valores, las circunstancias y las historias en tenemos en común, el ser humano es un ser único e irrepetible?

Tal vez los esfuerzos que se realizan para alcanzar la homogeneidad tienen un límite. Podríamos retomar la frase de Pablo Picasso que dice: "Cada segundo de vida es un momento nuevo y único en el universo, un momento que nunca se repetirá. ¿Y qué les enseñamos a nuestros hijos? Les enseñamos que dos y dos son cuatro y que París es la capital de Francia. 

¿Cuándo les vamos a enseñar también lo que son? Deberíamos decirles a cada uno de ellos: ¿Sabes quién eres? Eres una maravilla. Eres único. En todos los años que han pasado, nunca ha habido otro niño como tú. Tus piernas, tus brazos, tus dedos, la forma en que te mueves. Quizá te conviertas en un Shakespeare, un Miguel Ángel, o un Beethoven. Tienes la capacidad para hacer cualquier cosa. Si, eres una maravilla. Debes trabajar, todos debemos trabajar, para hacer al mundo digno de sus niños."

La frase de Picasso nos deja mucho para reflexionar. Algo que en general olvidamos y que más allá de las características en común que tenemos los seres humanos, todos somos diferentes. Cada uno de nosotros tiene un talento especial, un carisma y una capacidad diferente para valorar.

Nuestro deber, siguiendo con la línea de Kapuscinski, es tomar las herramientas que nos arrojan las diferentes disciplinas para que nos permitan crecer como personas, aumentar la tolerancia y eliminar las diferencias que causan problemas de convivencia en la sociedad. Podemos extraer de la vida del periodista una premisa interesante, él creía que para ser bueno en la actividad que se realiza es imprescindible ser una buena persona. Aunque considero que deberíamos aplicarla no solamente al periodismo sino trasladarla en todos los ámbitos de la vida y a todas las profesiones.

El hecho de dejar que los demás sean personas más libres en sus pensamientos, decisiones y acciones trae consigo inconscientemente la libertad personal. Así, podríamos descubrir el mundo de Kapuscinski y nuestro mundo actual con otros ojos. Podríamos descubrir un mundo mejor.



1 de septiembre de 2012

EL PRIVILEGIO DE ESTAR SOLA

Muchísima gente piensa que estar sola es una desdicha. Cada vez que preguntan si estás en pareja, o si tenes novio y respondes que "no", te terminan mirando raro, como con lástima. Lo cierto es que en la vida no todo es tan malo ni tan bueno. Aunque pensándolo bien... cuando estás sola podes hacer lo que se te cante con tu tiempo y tu dinero. ¡Y eso no es para nada negativo! 

Podes planificar una agenda con cosas que te gusta hacer. Ir al gym, acostarte a mirar tele, leer una novela, hacer un curso de "cualquier cosa" (la cosa es hacer un curso).


La glamorosa Rita Hayworth. Foto fuente: sensación.com
Podes tirarte a comer un chocolate o algo rico. (Lo que se te antoje). Una de las mejores cosas que tiene esta vida es que no te ponen "multas" por exceso de calorías.

Podes irte de viaje sola, conocer gente "asombrosa" (para bien o para mal), disfrutar del silencio, de la naturaleza y de los pelos al viento. ¡¡Podes mimarte hasta cansarte!!


Podes gastar plata en lo que te gusta sin tener que escuchar sugerencias de por medio. Salir a cualquier hora sin dar explicaciones a nadie. Ir a bailar y sentirte Rita Hayworth, porque no tenes a nadie que se te cuelgue del brazo ni que te esté vigilando o celando.

Podes no hacer nada de naaada. (Si querés). Podes dejarte elogiar. (Es super bueno para el autoestima). También podes producirte para matar (al estilo femme fatale). 
Y podes histeriquear a diestra y siniestra. Total, después de todo...                               
¿Quién te lo impide? 

30 de octubre de 2011

Geriátricos


Nos tocó hacer un trabajo de investigación con un compañero Sebastián sobre los geriátricos. Fuimos a varios que están en la ciudad de Rosario y el único que accedió darnos una visita fue el “Geriátrico Dorrego”. En ese geriátrico me atendió la encargada y me dijo que volviera el día siguiente, que ella iba a dejar anotado el pedido de visita para ver qué le decían. 

Volví sola al día siguiente y me dio los requisitos que teníamos que tener para poder ingresar. Pedí las constancias de alumnos regulares en el instituto, nos firmó el profesor y al día siguiente con una carta adjunta a los certificados nos presentamos para por fin poder hacer la observación.

Ingresamos al “Geriátrico Dorrego” y una mujer nos indicó que teníamos que ir al subsuelo para poder hablar con alguien responsable. Hablamos con Teresa Benítez, encargada de personal, y le preguntamos cómo era el geriátrico.

En el geriátrico hay 3 pisos. En el 3° supimos que se encuentran los ancianos con trastornos psiquiátricos, y en el 2°, 1° y planta baja, se encuentran distribuidos de acuerdo a las obras sociales. Tienen un horario determinado para el desayuno, la merienda, el almuerzo y la cena. Por la mañana se levantan tipo 07:30hs, pueden dormir un poco más, pero ese es el horario aproximado.

Conviven alrededor de 135 ancianos. No hay un horario de visita establecido, los familiares pueden visitarlos a cualquier hora. Los residentes puede salir a la calle, ir a caminar por la Plaza San Martín o al centro. Todos tienen la posibilidad de retirarse del lugar cuando lo deseen excepto las personas que se encuentran en el 3° piso.

Luego de hablar con la encargada, subimos al ascensor y mi compañero Sebastián apretó piso 3. Una vez que llegamos, saludamos, pero solamente nos saludaron dos personas. En ese momento estaban tomando la merienda. A la derecha del pasillo había un hombre en silla de ruedas que había vomitado, en el comedor dos acompañantes que estaban dando la merienda con una cuchara a otros residentes. Hablamos poco en este piso, pero pudimos observar el lugar. Estábamos un poco nerviosos, nos pusimos algo incómodos porque no nos esperábamos encontrarnos con esa situación.

El lugar se mantiene limpio, son espacios amplios, tienen una especie de jardincito pequeño en donde había diferentes variedades de plantas, las habitaciones bien ordenadas y las camas estaban bien hechas.

Nos estábamos yendo y antes de entrar al ascensor, una mujer que estaba en silla de ruedas gritaba “Elisa…Elisa…” y Seba me dijo: “Me parece que te llaman”. Yo sabía que eso era imposible, pero me di vuelta igual, y siguió gritando “Olga…Olga… y así nombres diferentes hasta que nos metimos en el ascensor. Me empecé a reír de los nervios y le dije a Seba que esperaba que no tuvieran cámaras en el ascensor. Tenía unas ganas de salir corriendo!!!

Luego bajamos al 2° piso. Hablamos con María Luisa Castro de 82 años. Dijo tener 6 nietos y un bisnieto y hace 4 años que permanece en el geriátrico. Para ella es una buena opción estar ahí porque le gusta estar con gente. De no ser así no se vería viviendo sola pese a que podría (porque pude valerse por sus propios medios). A ella le gusta estar rodeada de gente y nos aclaró varias veces que ahí los atienden muy bien. Protestó porque ganó Cristina Fernández de Kirchner, dijo que le encanta escuchar la radio y nos aconsejó; nos dijo: “Formen una familia, formen una vida, porque es feo llegar a esta edad sin tener una familia”.

Tuvimos una conversación bastante larga en la que por alguna razón dije: “Estamos de paso en esta vida”, Seba agregó: “Somos extranjeros en este mundo”. Y María Luisa comentó: “Sí, nos trajeron al mundo, pero nosotros no lo pedimos”. Quedó en esperarnos cuando mi compañero y yo hayamos conseguido pareja, para después ir a nuestros casamientos.

María Luisa convive en el piso con Ramona (hace 10 años que está en el geriátrico), Oscar (que lleva 9) y Juan Carlos (que ingresó hace aprox. 1 año). Juan Carlos tiene 71 años pero aparenta muchos menos, delgado, alto, dinámico, dice estar cómodo en el geriátrico. Nos contó que es soltero de los de antes (porque no tuvo hijos).

En el 1° piso había más personas y más movimiento de gente. Hablamos con un señor que dijo llamarse Ortega y que tenía 82 años. Después de conversar un rato nos dimos cuenta que cambiaba de tema, decía incoherencias, se perdía y de golpe volvía. Seba le preguntó que edad le daba, y le dijo que para el tenía 22 años, y a mi me pidió que no le dijera hasta que me la adivinara. Dijo 16, y no acertó, pero por poco, jaja.

Seba para seguirle la corriente, ya que nos hablaba de cualquier tema, le preguntó por Víctor. Y Ortega (para sorpresa nuestra) respondió: ¿Qué Víctor? Lo dejamos ahí. Nos despedimos para seguir charlando con otras personas y nos pidió que antes de irnos nos diéramos una vuelta a saludarlo.

Entramos en otra habitación en la que habían 2 camas. Saludamos a una enfermera que le estaba cortado las uñas de las manos y los pies a un señor. Y otro, en cama acostado con un movimiento involuntario continuo en una mano. Anoté en mi cuaderno: “Parkinson”, porque eso fue lo que pensé. Le pregunté si podía caminar y dijo que sí, que se levanta de la cama y que puede caminar pero con andador.

En la sala también había un discapacitado en una silla de ruedas que se encontraba con la lengua afuera y tenía los ojos saltones. Me impactó mucho esa imagen porque además era un muchacho joven.

Volvimos a despedirnos de Ortega y le pregunté si salía a caminar por la plaza. Me respondió que sí, pero que quería ir al pueblo del compañero que tenía a su lado, (un señor que estaba sentado en la mesa junto a él pero que no nos hablaba). Yo entusiasmada queriendo saber más sobre el pueblo del que hablaba Ortega, le pregunté a ése señor: ¿Señor, de qué pueblo es usted? El señor me miró fijo como si nada y no respondió. Fui y me sentí engañada.

Seba después le preguntó a Gloria Gómez, enfermera del geriátrico, qué patología tenía el señor que decía llamarse Ortega. Pudimos saber que Ortega tiene demencia senil. Yo le pregunté si estaban medicados, y respondió: “todos están medicados, si esto es un caos así, imagínense si no lo estuvieran”.

Por último, ya en planta baja, hablamos con Ángela, que nos contó que no está contenta viviendo en el geriátrico. Dijo que su hija la metió y ella siempre le pide que la saque de ahí. Cree que no hay nada como su casa. Nos relató que la tratan bien, pero que extraña mucho su hogar y que no es lo mismo.

Envejecer es lo natural, y lo normal es que al llegar a una cierta edad si uno no puede valerse por si mismo a veces “no queda otra” que aceptar lo que los otros decidan sobre la vida de uno. El miedo a no poder elegir, a no tener otras opciones, será uno de los motivos por los cuales al "mundo" le aterra envejecer?

El geriátrico cumple una buena función para aquellos ancianos que requieren de muchos cuidados y no tienen familiares, y para aquellos que no tienen familiares que puedan o quieran ocuparse de ellos.

Si los ancianos están de acuerdo y les agrada la idea de estar ahí, el geriátrico es una muy buena opción ya que estar rodeado de personas en similares circunstancias tiene sus ventajas. Pero si no es así, si no desean estar en ese lugar, si preferirían estar en sus hogares, considero que es una injusticia, como en el caso de Ángela. En ese caso, ella podría tener una acompañante en su casa y seguir viviendo tranquilamente en su hogar.

Lo repetitivo de las charlas que tuvimos fue que todos coincidieron en el buen trato, en la buena atención que reciben día a día. El estado de las personas es duro y entendible. Hay personas sin poder manejarse por su propia cuenta, son completamente dependientes, y otras que no, todo lo contrario.

Pese al impacto que me produjo ver a toda esa gente, pude “controlarme” para no salir corriendo, y pude preguntar todo lo que se me ocurrió y me produjo incertidumbre. Volví a casa más sensible, sí, pero creo que está bueno abrir los ojos (aunque duela) para ver otras realidades. Otras realidades de las que no vamos a estar exentos si llegamos a ser mayores.

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